Mira,
Lo de Ourense en verano ya no es una estación.
Es una tradición maldita.
Aquí el sol no da tregua, el aire se cuece y los
incendios… ya no sorprenden.
Siempre arde.
Siempre en los mismos sitios.
Siempre con las mismas excusas.
Y lo más jodido: ya lo asumimos como parte del
paisaje.
Como si fuera parte del verano. Como si Galicia
viniera con su pulpo, sus termas… y su dosis de
destrucción.
Spoiler: NO.
Esto no es folclore.
Esto no es un fenómeno natural.
Esto es abandono.
Y estoy hasta los huevos del “el pueblo salva al
pueblo”
Porque sí, es bonito ver a la vecina sacando
cubos de agua.
Al paisano cortando el monte para que no
avance el fuego.
Pero es que no deberían tener que hacerlo.
Ya cansa. Ya huele.
¿Dónde están los recursos?
¿Dónde están los planes de prevención?
¿Dónde están los responsables mientras el
monte arde?
Spoiler dos: en su casa con el aire
acondicionado y el sueldo asegurado.
Estoy hasta las narices de esta clase política (de
cualquier color) que solo se representa a sí
misma.
Que aparece con una pala cuando hay
cámaras.
Que pone la foto, pero no pone el cuerpo.
Que saca pecho de una Galicia que ni pisan.
Que repite discursos huecos como si fueran
mantras mágicos.
Y que después desaparece. Otra vez. Siempre.
¿Nos suena?
Porque no olvidamos el volcán de La Palma.
Ni el terremoto de Lorca.
Ni la DANA en Valencia.
Ni el Prestige.
Ni Angrois.
Ni ninguno de esos momentos donde el pueblo
se quedó solo,
mientras los de arriba miraban para otro lado o
se montaban otro chiringuito.
Esto no va solo de Ourense.
Esto va de dignidad.
De que arde el monte y también arde nuestra
paciencia.
De que no es normal que en 2025 estemos así.
De que estamos cansados de ser portada un
día… y olvido el resto del año.
Porque cada incendio se lleva algo más que
árboles.
Se lleva trozos de vida.
Recuerdos.
Comunidad.
Historia.
Y ni el mejor titular del telediario devuelve eso.
Y sí, también hay esperanza.
Porque Galicia es terca. Es brava.
Y por cada hectárea quemada hay mil manos
dispuestas a reconstruir.
Pero basta ya de romantizar la resistencia.
No queremos héroes rurales. Queremos
soluciones reales.
Moraleja de hoy, antes de que nos vuelva a
arder todo:
Cuidar la tierra también es cuidar la gente.
Y si no se hace desde arriba, no esperéis que la
base lo aguante siempre.
Porque el silencio también quema.
Y la rabia… tarde o temprano, también prende.
Pero bueno, no me hagas mucho caso.
Yo simplemente hago tartas de queso.